domingo, mayo 06, 2007

Australia

Hace una cojonuda tarde de primavera; deberíamos estar en la calle tomando el sol en lugar de en nuestras casas delante del ordenador.

Yo me voy a pasear por los jardines tarareando todo el tiempo esta canción, The Shins:

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miércoles, febrero 14, 2007

Mi tito Neil

Cuando hace dos años una serie de confusas noticias sobre el estado de salud de Neil Young le situaban con pie y medio en la tumba debo reconocer que me asusté realmente. Esto es una cosa que no me había pasado nunca: normalmente mi admiración por músicos o escritores suele rehuir de la persona y centrarse en la obra, de manera que fallecimientos o cumpleaños me dan igual; siempre me quedarán los discos (o los libros o las pelis…), que en últimas instancias son lo único que importa. Sin embargo con Neil fue como si enfermase un viejo amigo o un miembro de mi familia, me asustaba perder a alguien que me había acompañado durante tantos años. Sabía que no perdería su música, que siempre había estado allí como banda sonora a tantos momentos de mi vida, esa música que una vez definí como el sonido (en sus dos vertientes) que me hubiese gustado hacer de haber sido músico. Pero me asustaba perderlo a él, a esa figura de tipo campechano, raro y simpático, con su ropa de granjero (esa eterna camisa de cuadros, los jóvenes no tenemos ni puta idea de vestir) y su aire desgarbado. Me asustaba perder esa imagen que de él tengo hecha: la del viejo tío del campo que ha visto demasiado y por eso desprecia las modas y moderneces que van llegando, porque sabe que se irán con mucho menos ruido del que han traído. Esa imagen que al fin y al cabo es la de la honestidad, la de un tipo que siempre ha sido fiel a sí mismo y a lo que es lo suyo, hacer música y punto. (También fue, durante mucho tiempo, la imagen del tipo triste, del enclenque lastrado por problemas de salud- epilepsia, poliomielitis- del engañado sin piedad por su mujer, del que se sumió en la oscuridad durante años al ver el naufragio de su generación en los 70. Bestias carroñeras que somos los fans, alimentándonos de la mitología del sufrimiento).




Pronto descubrí que no era un sentimiento únicamente mío, tito Neil suele despertar esa simpatía en todos los que se acercan a él. En un mundo como el del rock, lleno de megalomanías idiotas y de idiotas devorados por un personaje, es reconfortante encontrar una figura humilde, con los pies en la tierra y esos aires de “pasaba por aquí.”


(Podríamos utilizar a Neil Young como rasero para medir a toda la humanidad: aquellos que han escuchado su música y aún sostienen que no les gusta son malas personas, los que la han escuchado y la aman son buenas, los que nunca la han escuchado ni se han interesado por ella son neutros).

Por suerte el viejo superó el derrame cerebral que nos había dado tal susto, salió adelante y, como si tal cosa, volvió a su trabajo de siempre, que es crear música. Desde entonces ha publicado dos discos excelentes que responden a las dos vertientes que ha desarrollado a lo largo de su carrera: Praire Wind acústico, de aires folk y con ese tono baladístico melancólico de algunos de sus clásicos de los 70 (After the Gold Rush, Harvest). Living with war eléctrico, rabioso, urgente, quizá su mejor disco de rock desde Ragged Glory Pero además entre estos dos discos tuvo tiempo de rodar Heart of Gold, excelente peli de Jonathan Demme que recoge la presentación de Praire Wind en el Nashville's Ryman Auditorium, el teatro mítico del country.






Podría ser Neil la receta perfecta contra los guitar heroes, esos que tocan largos solos autistas con grandes complejidades musicales, esos que a menudo confunden tocar bien con tocar deprisa. La guitarra de Cortez the killer, con sus cuatro notas interpretadas con eterna pereza, me rasca la barriga, me hace cosquillas en el pecho, me emociona como aún no han hecho ningún otro guitarrista. Y de eso trata el arte. (Es curioso, ahora me viene a la mente Eric Clapton y su progresiva decadencia, mientras uno depuraba un estilo que no necesitaba depurar, se iba haciendo cada vez más adulto, más serio, más aburrido, Neil ha permanecido igual de bruto que siempre, igual de salvaje e indomable).

Cortez the killer. 1977.


Don’t let it bring you down. 1971.

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martes, diciembre 12, 2006

Youtube killed the MTV star (1)

Judas. Gemir como un gato acorralado, pelear. No estar contra todo el mundo, ser todo el mundo en ocho minutos y medio. Ser el centro: el centro del caos absoluto, de la ausencia definitiva de centro. Ser un agujero a través del cual el viento lo arrasa todo. Quiero vivir en el torbellino, quiero sentir el mercurio en mi cabeza.






"Quiero robar la voz a Jeff Tweedy" Quiero ser una brisa aliviando tu conciencia y una araña en tu cerebro rascando el fantasma de la incomunicación. Quiero construir algo con estos fragmentos de vida arremolinados frente a mí. Quiero que mis palabras te suenen a vuelta al hogar.





(Theologians
They don't know nothing
About my soul)

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miércoles, noviembre 01, 2006

Calamaro

Vuelve (siempre está regresando) Calamaro. Esta vez con un disco supuestamente “normal”, se acabó el torbellino Honestidad Brutal/El Salmón/Deep Camboya, se acabaron también los “caprichos” tangueros. El Palacio de las Flores promete ser el disco que se esperaba de él justo después del aclamado Alta Suciedad, es decir un disco de rock limpio, bonito, con una producción trabajada y una escrupulosa selección de los temas. Mucha gente se alegrará de esto. Yo echaré de menos al insomne alucinado que se creía Dylan en Clonazepán y circo o Son las nueve. Echaré de menos esa concepción de la música como una necesidad vital, esa urgencia al grabar y publicar canciones como esbozos, simulando el diario de una existencia caótica y depresiva donde sólo cantar tenía sentido. Echaré de menos eso y sin embargo estoy convencido de que continuar esa senda hubiera sido un error, de que volviendo a grabar música de una forma más o menos estándar (volviendo a encasillarse en cierto modo, sí, pero huyendo también del pasado), Calamaro está eligiendo de nuevo el camino correcto. El camino del salmón, ya sabemos.

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jueves, octubre 12, 2006

Bande à part

Esta escena de Bande à part de Godard me hace feliz:




La canción, obviamente, no es la que suena en la peli original, es de un grupo actual llamado Nouvelle vague.

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