lunes, febrero 19, 2007

Manuscrito hallado en un bolsillo

No sé qué pensarás de este obsceno exhibicionismo.

Yo, que sólo escribo por ti, para que tú me leas y me dibujes en la distancia, lo cuelgo todo aquí, en este rincón público a la vista de cualquiera.

No te confundas, hay kilómetros, hay intermediarios y hay espectadores, pero esto sigue siendo un diálogo entre dos.

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viernes, febrero 16, 2007

Póstumo




Añoro la pasión con que vivía las cosas a los diecisiete años. Todo era importante y todo podía aprenderse. El mundo refulgía de significados esperando a ser descubiertos, la vida era bucear entre signos.

Recuerdo leer en una noche El Túnel de Sábato y acabar tan impactado que no había otro remedio más que empezar en ese mismo instante Sobre héroes y tumbas. Recuerdo dormirme de madrugada con el libro entre las manos.

Leer alrededor de trescientas veces seguidas Las personas del verbo de Gil de Biedma.

Destrozar literalmente una antología de Pessoa de tanto usarla.

Escuchar Led Zeppelin con una obsesión malsana. Una y otra vez los mismos discos, memorizar las letras, el orden de las canciones, los compositores de cada una, los instrumentos utilizados…

El mundo estaba en esas cosas y yo intentaba devorar el mundo.

Ahora los signos se han vuelto opacos. Luminosamente opacos.

Daría tantas cosas por recuperar esa pasión. Dejaría de escribir sólo por volver a encontrar un libro que me entusiasmase como me entusiasmaban entonces. Aceptaría no escuchar nunca más música nueva con la condición de encontrar un disco, solo uno, como los de entonces. Un disco en el que sea posible vivir el resto de mi vida.

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miércoles, febrero 14, 2007

Mi tito Neil

Cuando hace dos años una serie de confusas noticias sobre el estado de salud de Neil Young le situaban con pie y medio en la tumba debo reconocer que me asusté realmente. Esto es una cosa que no me había pasado nunca: normalmente mi admiración por músicos o escritores suele rehuir de la persona y centrarse en la obra, de manera que fallecimientos o cumpleaños me dan igual; siempre me quedarán los discos (o los libros o las pelis…), que en últimas instancias son lo único que importa. Sin embargo con Neil fue como si enfermase un viejo amigo o un miembro de mi familia, me asustaba perder a alguien que me había acompañado durante tantos años. Sabía que no perdería su música, que siempre había estado allí como banda sonora a tantos momentos de mi vida, esa música que una vez definí como el sonido (en sus dos vertientes) que me hubiese gustado hacer de haber sido músico. Pero me asustaba perderlo a él, a esa figura de tipo campechano, raro y simpático, con su ropa de granjero (esa eterna camisa de cuadros, los jóvenes no tenemos ni puta idea de vestir) y su aire desgarbado. Me asustaba perder esa imagen que de él tengo hecha: la del viejo tío del campo que ha visto demasiado y por eso desprecia las modas y moderneces que van llegando, porque sabe que se irán con mucho menos ruido del que han traído. Esa imagen que al fin y al cabo es la de la honestidad, la de un tipo que siempre ha sido fiel a sí mismo y a lo que es lo suyo, hacer música y punto. (También fue, durante mucho tiempo, la imagen del tipo triste, del enclenque lastrado por problemas de salud- epilepsia, poliomielitis- del engañado sin piedad por su mujer, del que se sumió en la oscuridad durante años al ver el naufragio de su generación en los 70. Bestias carroñeras que somos los fans, alimentándonos de la mitología del sufrimiento).




Pronto descubrí que no era un sentimiento únicamente mío, tito Neil suele despertar esa simpatía en todos los que se acercan a él. En un mundo como el del rock, lleno de megalomanías idiotas y de idiotas devorados por un personaje, es reconfortante encontrar una figura humilde, con los pies en la tierra y esos aires de “pasaba por aquí.”


(Podríamos utilizar a Neil Young como rasero para medir a toda la humanidad: aquellos que han escuchado su música y aún sostienen que no les gusta son malas personas, los que la han escuchado y la aman son buenas, los que nunca la han escuchado ni se han interesado por ella son neutros).

Por suerte el viejo superó el derrame cerebral que nos había dado tal susto, salió adelante y, como si tal cosa, volvió a su trabajo de siempre, que es crear música. Desde entonces ha publicado dos discos excelentes que responden a las dos vertientes que ha desarrollado a lo largo de su carrera: Praire Wind acústico, de aires folk y con ese tono baladístico melancólico de algunos de sus clásicos de los 70 (After the Gold Rush, Harvest). Living with war eléctrico, rabioso, urgente, quizá su mejor disco de rock desde Ragged Glory Pero además entre estos dos discos tuvo tiempo de rodar Heart of Gold, excelente peli de Jonathan Demme que recoge la presentación de Praire Wind en el Nashville's Ryman Auditorium, el teatro mítico del country.






Podría ser Neil la receta perfecta contra los guitar heroes, esos que tocan largos solos autistas con grandes complejidades musicales, esos que a menudo confunden tocar bien con tocar deprisa. La guitarra de Cortez the killer, con sus cuatro notas interpretadas con eterna pereza, me rasca la barriga, me hace cosquillas en el pecho, me emociona como aún no han hecho ningún otro guitarrista. Y de eso trata el arte. (Es curioso, ahora me viene a la mente Eric Clapton y su progresiva decadencia, mientras uno depuraba un estilo que no necesitaba depurar, se iba haciendo cada vez más adulto, más serio, más aburrido, Neil ha permanecido igual de bruto que siempre, igual de salvaje e indomable).

Cortez the killer. 1977.


Don’t let it bring you down. 1971.

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lunes, febrero 05, 2007

Y el nombre de la estrella es Ajenjo

“Y el nombre de la estrella es Ajenjo”, dice Johny a Bruno una noche de fría borrachera junto al Sena en El perseguidor de Cortázar.

El ajenjo es la planta (con bastantes usos medicinales, por cierto) que sirve para elaborar la famosa absenta, bebida mundialmente conocida por haber escrito libros como Las Flores del Mal o haber cortado una oreja a Van Gogh , además de ser el afrodisíaco favorito de Drácula según Stoker.

Pero no es la mitología de la absenta lo que me interesa, sino la cita textual de Johny. Proviene de la Biblia, concretamente Apocalipsis VIII, 11, y dice: 10. El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 11. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.

Buscamos un diccionario y miramos cómo se dice ajenjo en ruso:


Chernobil.

Da miedo.

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sábado, febrero 03, 2007

Wilco. Agujeros en las canciones.

En una escena del documental de Sam Jones I am trying to break your heart un directivo de Warner pregunta a Jeff Tweedy cómo será Yankee Hotel Foxtrot, el disco que Wilco estaban grabando en esos momentos y que nadie de la discográfica había escuchado aún. Jeff, entre tímido y confuso, contesta rascándose la cabeza: “suena como si hiciésemos agujeros en las canciones.” Los directivos de Warner y demás gente presente se ríen, tomándolo como una broma o una excentricidad del cantante, pero lo cierto es que la frase sirve perfectamente para definir el rumbo que la música de Wilco estaba tomando y que se materializaría en sus dos siguientes discos de estudio: el nombrado Yankee (2002) y A ghost is born (2004), muestras de la síntesis entre vanguardia y tradición que Wilco proponen a día de hoy y que les convierte seguramente en la mejor banda de rock del momento.




Agujerear las canciones es romperlas, es introducir en ellas elementos ajenos a la música que impiden que fluya con naturalidad; es, en definitiva, desautomatizarlas. Wilco emplean elementos que pueden resultar desagradables al oído, sobre todo ruido que perfora las canciones, las hace extrañas y difíciles de escuchar. Por lo que podemos ver en el documental, el método de trabajo de la banda consistía en, sobre una canción acústica previamente compuesta por Jeff Tweedy, aplicar todo un magma de sonidos, desde agresivas guitarras eléctricas hasta samplers de antiguos programas de radio de onda corta, con el fin de enrarecerla. Conviene tener en cuenta que los orígenes de Wilco se encuentran en el country rock y en una música con profundas raíces en la tradición norteamericana, si a esto añadimos el innato talento de Tweedy para componer amargas melodías pop (lo que le convierte en heredero directo de grupos como los Beatles o Big Star, una de las referencias personales de la banda), nos encontramos con unos presupuestos clasicistas que van siendo deconstruidos intencionadamente: en una canción sencilla, de melodía cristalina, estalla de repente una tormenta de ruido, interferencias que impiden escuchar con claridad esa melodía, como un agujero en medio de un hermoso paisaje. De este modo Wilco van destruyendo componentes tradicionales de la canción, como los conceptos de melodía y de armonía, y huyendo de cualquier tópico frecuente en la composición (pienso ahora en la extrañamente adictiva I am trying to break your heart, una canción de estructura rara, que parece que está empezando todo el tiempo), para finalmente hacer temblar los estamentos sobre los que se asienta buena parte de la música (pop).




Si aceptamos la premisa de que la introducción del ruido en la música es un paso similar al del hallazgo en pintura de la abstracción frente a la figuración, la música de Wilco podría compararse con los mejores cuadros de Francis Bacon: un retrato naturalista en el que se introduce la abstracción sólo en puntos determinados, como medio expresionista para transmitir un sentimiento más allá de la mera figuración (un retrato de Velázquez que se deforma de repente convirtiéndose en una metáfora del horror y la soledad del ser humano).



Porque ése es probablemente el gran mérito de la música de Wilco: la música atonal y compositores dodecafónicos (de los cuales no tengo ni idea) y en el rock bandas como The Velvet Underground y sobre todo la escuela de Neil Young, con Sonic Youth a la cabeza, ya usaron el ruido como un elemento más. Lo que Wilco hacen frente a este panorama es saber administrar inteligentemente las dosis de ruido, los agujeros, y utilizarlas sólo en determinados momentos en los que el contexto lo exige, convertir estos elementos abstractos en un significante más de la canción. Así por ejemplo en Yankee Hotel Foxtrot el ruido que entorpece las canciones a modo de “interferencias” se encuentra justificado en un disco que trata principalmente de la incomunicación, de las dificultades de comprensión entre las personas y el sentimiento de soledad en un mar de ruidos que no significan nada. En una canción como Spiders, de A ghost is born, el ritmo monótono y machacón parece una ilustración de la obsesión del cantante, que no cesa de repetirse a sí mismo en una especie de trance “It’s good to be alone, it’s good to be alone”, mientras las guitarras tejen un claustrofóbico laberinto de telarañas. O At least that’s what you said, canción sobre la que ya escribí hace tiempo, donde una tormenta de guitarras eléctricas sirve para concluir una pelea en una relación amorosa que parece acabar rompiéndose.


Pero quizá al final esto sólo sean elucubraciones teóricas y el verdadero valor de la música de Wilco se encuentre simplemente en esa capacidad antes referida para transmitir canciones de una honesta melancolía, de una desnudez sentimental que hace difícil no sentirse identificado con aquello de lo que están hablando.

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jueves, febrero 01, 2007

Memética

Me ha llegado un meme, cadena cuestionario o como queráis llamarlo vía blogger. Normalmente me paso estas cosas por las alforjas, pero en esta ocasión he decidido contestar porque me lo ha enviado mi primo Morrison y porque me resultan graciosas las preguntas tan arbitrarias.

El meme en cuestión dice lo siguiente:

1. Coja el libro que tenga más cerquita.
2. Vaya a la página 123.
3. Váyase ahora a la quinta oración.
4. Copie las siguientes tres oraciones.
5. Publíquelas en su blog junto con el nombre del libro y el autor.
6. Ponga la cadena de tarea a otros tres cristianos.




Pues bien, el libro que tengo más cerquita (de hecho lo llevo en el bolsillo de la bata) es En el camino (On the road) de Jack Kerouac, edición de Anagrama, colección Compactos.

El fragmento correspondiente es:

- No lo sé, queridísimo. Necesito estar contigo. Te quiero.

Y ahora por el castillo de Greyskull ordeno a los siguientes CUATRO internautas que contesten en sus blogs respectivos (y que lo dejen también en los comentarios de éste, si se tercia):

Marta -ojos de Aleph- Ke zhe ko'ne

Quique- Periodista vocacional- Baeza.

Jose- Textos Caducos.

Sory (y así, que estrene su blog).


Buena suerte a todos.