viernes, octubre 19, 2007

On the road again


Se cumplen cincuenta años de la publicación de la mítica novela de Jack Kerouac On the road y en España celebraremos esta efeméride con un programa de televisión en el que Pocholo recorre el país en furgoneta.

Tonterías aparte, nunca he sabido muy bien qué significa el término “de culto”, pero supongo que puede aplicarse perfectamente a esta novela, porque es el típico libro que nunca es citado como clásico por los Grandes Eruditos Creadores de Cánones, pero que sin embargo encanta a todo aquel que lo lee. Y casi todo el mundo lo ha leído.

Más que algunas de las cosas que siempre se citan (paradigma de la literatura beat, translación a la escritura del estilo del bebop…) lo que realmente perdura al leer En el camino son esos personajes nerviosos, perdidos intentando abarcar una tierra bíblica de proporciones inabarcables: “Me gustan demasiadas cosas y me confundo y desconcierto corriendo detrás de una estrella fugaz tras otra hasta que me hundo. Así es la noche, y eso produce. No puedo ofrecer más que mi propia confusión.”

Bob Dylan siempre ha dicho que este libro fue una de las cosas que le empujó a abandonar su Duluth natal, aquel pueblo helado donde nunca pasaba nada, para lanzarse al país a encontrarse con algo que no sabía muy bien qué era, y que luego resultó ser su destino.

Etiquetas: ,

jueves, septiembre 13, 2007

Lonely Sea

Decía Borges: "La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético."

Según esto, el hecho estético existe y está más allá del arte, más allá incluso del hombre: podría estar en la contemplación de un paisaje al atardecer o en la pereza de un gato junto al fuego. Su magia reside en aparentar ser símbolos de algo que no acabamos de comprender, en querer decir pero no terminar nunca de hacerlo.

En el excelente libro Bendita Locura. La tormentosa epopeya de Brian Wilson y los Beach Boys de José Ángel González Balsa (quizá el mejor libro sobre un grupo de rock que se ha escrito en castellano) he encontrado un episodio que podría ilustrar esto: durante las sesiones de grabación del disco Surfin’ U.S.A. a Brian se le ocurrió la idea de introducir el sonido real de las olas en la balada Lonely Sea. Para ello bajó junto a Gary Usher una madrugada a la playa, armados con una vieja grabadora Wollensak y una extensión de cable de treinta metros. “Tocaron muchas puertas para encontrar a alguien que les permitiese conectar el cable a un enchufe.” Después, se sentaron en la arena a esperar que el sonido de las olas fuese “correcto” según Brian. Gary se desesperaba porque no entendía cómo el sonido del mar podía sonar correcto o incorrecto. “Esto no es música, es locura”, decía. Pero de repente llega el momento mágico, Brian grita ésta, ésta es la toma buena, y Gary entiende. Ambos guardan silencio y escuchan el sonido correcto del mar solitario.

Diríamos entonces que el artista no es el que crea la belleza, sino el que la encuentra en lugares donde nadie más es capaz de verla. Y simplemente la transmite.

Etiquetas: , ,

martes, junio 19, 2007

Lolita (y II)

A propósito de lo escrito el otro día sobre Lolita, hoy he estado discutiendo con un compañero que había leído el blog sobre el consabido tema de las adaptaciones al cine de obras maestras de la literatura. Sin entrar a valorar el tópico “el libro siempre es mejor que la peli” (quienes esto sostienen obvian libros infumables sobre los que se han hecho obras maestras del cine, como Parque Jurásico y tentado estoy de poner hasta El Padrino, pero no lo he leído), hemos discutido sobre la posible condición canónica de la adaptación de la novela de Nabokov que hizo Kubrick.

No vamos a decir que Lolita película sea mejor que Lolita novela, porque no lo es, pero sí que hace lo que debería hacer toda adaptación de un medio narrativo a otro, esto es: no intentar suplir al artefacto original, no suplantar al libro, sino aportar una visión de él, una interpretación que a la postre complementa y amplía la lectura. Así nos encontramos con que la peli se hace fuerte en aspectos que el libro desarrolla poco o casi olvida, ampliando nuestra visión y aportando nuevos matices.




Por ejemplo, el personaje de Quilty en el libro está solamente esbozado, casi no aparece hasta el final y todo lo que se sabe de él son referencias indirectas y elucubraciones del atormentado Humbert. En la peli, sin embargo, este personaje está más desarrollado, convirtiéndose en algo que el libro solamente insinúa: la Némesis perfecta de Humbert, un tipo perverso y tremendamente inteligente, su opuesto y sin embargo su igual, su hermano. No debemos olvidar que Kubrick contó con la privilegiada ayuda de Nabokov para elaborar el guión, por lo que no sería de extrañar que después de haber publicado la novela este personaje siguiese creciendo en su mente y esto quedase plasmado en la peli. Además, para interpretar a Quilty se contó nada menos que con Peter Sellers quien hizo mucho por aportar ese matiz de perversión , en uno de los papeles más interesantes que interpretó en su carrera.

Por otro lado el personaje de Lolita en el libro se mueve constantemente en la ambigüedad: nunca llegamos a saber si realmente es una astuta muchacha, consciente del efecto que tiene sobre los hombres y capaz de usar este efecto para jugar con ellos, manipularles y obtener lo que desea, o una inocente adolescente, víctima de la imaginación de Humbert que proyecta sobre ella todo ese poder y esa malicia. En la peli esta balanza se resuelve en mi opinión hacia la primera de las opciones: la elección casi obligada de Sue Lyon para el papel (la Lolita original tiene doce años, pero para su traslación a la pantalla se buscó a una actriz de mayor edad para evitar polémicas) la despoja de cualquier indicio de inocencia, convirtiéndola más en verdugo que en víctima.


Arriba dije que el libro no trataba ciertos aspectos o que olvidaba desarrollar estos personajes. No es eso exactamente lo que sucede; no es que estos dos personajes no estén suficientemente trazados en el libro, sino que la visión que se nos da de ellos resulta mucho más ambigua, en tanto que es siempre la visión que tiene de ellos Humbert. No podemos saber cómo son realmente Lolita y Quilty porque lo que leemos de ellos ha sido escrito por Humbert (obsesivo Humbert, enamorado Humbert, brillante Humbert, demente Humbert…) Lo que la peli hace es dar vida a estos personajes más allá de la imaginación enfermiza del narrador, de la cual no son capaces de escapar en el libro. No llegamos a saber quienes son Lolita y Quilty en la novela, sólo vemos la representación que de ellos hace Humbert (representación de la cual no podemos fiarnos). Sin embargo en el filme sí podemos afirmar que hemos visto quienes son estos personajes independientemente de cualquier visión deformante: se trata de dos personajes enfermos y perdidos, otras dos figuras desesperanzadas recorriendo América en busca de nada. Exactamente como Humbert.

Etiquetas: ,

miércoles, mayo 30, 2007

Lolita




Uno de los pasajes más hermosos de Lolita, y por ende de toda la literatura del siglo XX, es el momento en que Humbert acaba de asesinar a Quilty y va conduciendo por una carretera solitaria. Con su fría lógica de demente entiende que ha atravesado una frontera moral que le exime de cumplir cualquier otra norma: después de haber violado la más sagrada de las leyes, todas las demás se presentan como ridiculeces ¿Qué es un semáforo en rojo en comparación con haber matado a una persona? Conduce en dirección contraria, se salta semáforos… Cuando la policía bloquea la carretera para detenerle pega un volantazo y conduce campo a través hasta que es apresado.

Etiquetas:

lunes, mayo 28, 2007

Adiós a los patos




Malos tiempos para el blog, amigos, me he pasado el último mes volviendo a casa y no tenía ganas de escribir. Retazos de texto mal hilvanados es lo único que me sale por ahora.

Estaba preparando un artículo sobre el que he decidido sea mi cómic favorito de todos los tiempos: La última cacería de Kraven, por supuesto. Pero mejor voy a esperar a ver Spider-man 3 (peli en la cual yo sí tengo fe) y a leerme unas quince veces más el cómic.

Estuve unos cuantos días en Londres, que cada día me gusta más como ciudad. Yo creo que ni el paraíso la iguala en número de tiendas de discos y restaurantes de sushi.


Cosas que estoy escuchando:

- El nuevo de los Shins, cuyo bombástico tema Australia ya colgué el otro día. A veces me suena a pop sesentero, a veces me suena a los Smiths. Quizá no es el disco de pop perfecto que algunos ya proclaman por ahí, pero me alegra el día cada vez que lo pongo.

- El nuevo disco de Ian Hunter, a la altura de su leyenda. Como sé que por este blog pasan unos cuantos fans de Bowie os he colgado lo más conocido de la primera banda de Ian, Mott the Hople. El tema es All the young dudes y es algo así como la canción doce del Ziggy Stardust.

- Reediciones de los Byrds. Son igual de buenos que los Beatles.

Cosas que estoy leyendo:

- Nocilla Dream de Agustín Fernández Mayo, recomendado por o rei regino. Se trata de una especie de zapping literario: microrelatos que parecen aislados pero van entrelazándose hasta tejer una novela (polifónica). En algunos puntos remite a Cortázar (esa técnica del collage, el ready-made aplicado a la literatura), su autor cita como referencia a Walter Benjamin y a veces tiene una estética incluso tarantiniana, pero la madre del cordero en cuestión de polifonías postmodernas, refritos cinefiloliterariotebeísticos, etc, es este capítulo de los Simpson.

- Las bodas de Pentecostés de Philip Larkin.


(Nos lo dijeron hace ocho años, pero hasta hoy no queríamos creerlo: los patos siempre acaban emigrando y abandonan nuestra piscina. Ahora tenemos que aprender a vivir sin ellos).

Etiquetas: , , ,

viernes, febrero 16, 2007

Póstumo




Añoro la pasión con que vivía las cosas a los diecisiete años. Todo era importante y todo podía aprenderse. El mundo refulgía de significados esperando a ser descubiertos, la vida era bucear entre signos.

Recuerdo leer en una noche El Túnel de Sábato y acabar tan impactado que no había otro remedio más que empezar en ese mismo instante Sobre héroes y tumbas. Recuerdo dormirme de madrugada con el libro entre las manos.

Leer alrededor de trescientas veces seguidas Las personas del verbo de Gil de Biedma.

Destrozar literalmente una antología de Pessoa de tanto usarla.

Escuchar Led Zeppelin con una obsesión malsana. Una y otra vez los mismos discos, memorizar las letras, el orden de las canciones, los compositores de cada una, los instrumentos utilizados…

El mundo estaba en esas cosas y yo intentaba devorar el mundo.

Ahora los signos se han vuelto opacos. Luminosamente opacos.

Daría tantas cosas por recuperar esa pasión. Dejaría de escribir sólo por volver a encontrar un libro que me entusiasmase como me entusiasmaban entonces. Aceptaría no escuchar nunca más música nueva con la condición de encontrar un disco, solo uno, como los de entonces. Un disco en el que sea posible vivir el resto de mi vida.

Etiquetas: , ,

lunes, febrero 05, 2007

Y el nombre de la estrella es Ajenjo

“Y el nombre de la estrella es Ajenjo”, dice Johny a Bruno una noche de fría borrachera junto al Sena en El perseguidor de Cortázar.

El ajenjo es la planta (con bastantes usos medicinales, por cierto) que sirve para elaborar la famosa absenta, bebida mundialmente conocida por haber escrito libros como Las Flores del Mal o haber cortado una oreja a Van Gogh , además de ser el afrodisíaco favorito de Drácula según Stoker.

Pero no es la mitología de la absenta lo que me interesa, sino la cita textual de Johny. Proviene de la Biblia, concretamente Apocalipsis VIII, 11, y dice: 10. El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 11. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.

Buscamos un diccionario y miramos cómo se dice ajenjo en ruso:


Chernobil.

Da miedo.

Etiquetas: ,

lunes, enero 29, 2007

Los peces no quieren salir de la pecera



Esta semana pasada estuve en París e hice todas las cosas que me gustaba hacer cuando vivía (allí): comer sushi en la Rue Monsieur le Prince, comer fondue (y beber vino) en el Refuge des fondues, molestar a los anticuarios de Saint-Germain-des-prés, sentarme a mirar a los skaters en la explanada de la Défense, tomar el sol en la Place des Vosges…

(M labios de mercurio.)

Compré varios libros viejos y una botella de Mouton-Rothschild; cometí el error imprudente de guardarlos en la misma bolsa. Al llegar a España la bolsa se me cayó y la botella se rompió. Sólo he podido salvar una primera edición de El amante de Marguerite Duras. Los otros libros que había comprado mejor ni nombrarlos, porque ya no existen.

(Mis dedos perdidos en tu pasado, el sol que nunca atravesó las persianas.)

Etiquetas: ,

viernes, diciembre 22, 2006

Nouveau venu qui cherches Rome en Rome



Ya estoy aquí. Por viajes de placer o de trabajo (!!!), este mes he dormido en mi casa cuatro días.

De Francia me he traído la impresión de vivir sin tiempo, de haber pasado una semana conservado en almíbar, estando sumergido en líquido amniótico.

(Además de eso también me he traído la colección entera de Isaac el pirata, la mayor alegría de los últimos años para los que amamos el comic de aventuras y la BD francesa.)

De Italia el descubrimiento de una ciudad a la que sé que volveré, un puñado de fotos y la certeza de que el poema de Joachim du Bellay que se inicia con el verso que he puesto como título es una gran verdad universal.

Moverse, esa es la clave.

Me gusta más Bellay que Ronsard (también los franceses se equivocaron eligiendo sus clásicos).

Quevedo hizo una adaptación en español de ese mismo poema, pago cerveza a quien la encuentre.

Etiquetas: ,

viernes, octubre 13, 2006

Ciudades palimpsesto



Ciudades que no existen, ciudades que están vacías como una pompa de jabón o una metáfora. Ciudades que son tantas y tantas palabras, tantas películas, tantos cuadros y quizá alguna postal. Ciudades creadas por el sueño de otros y a las que la gente viaja para vivir en el sueño de otros. No hablo de turismo, hablo de hacer las maletas y marcharse a un lugar real queriendo convertirse en un personaje de ficción.

París, ciudad creada con palabras escritas sobre otras palabras, ciudad literatura. Insostenible sin sus escritores, sin los mil poemas que han dibujado sus esquinas o los pintores que han dado nombre a sus calles. Por eso los franceses no saben vivir en París, porque para ellos siempre ha estado allí, creen que el Pont des arts existía antes de Les Éditions de minuit o de la Maga, creen que Hemingway no construyó la Rue Mouffetard. Han nacido allí, no hacen peregrinación buscando ese sueño. Por eso París pertenece a los extranjeros, a los peregrinos. (Hubo una época en que yo paseé por allí, pasaba los días muertos andando por París como quien relee un libro sin seguir su orden natural, saltando de una calle a otra como si fueran los capítulos de una gran novela).

Una esquina de Nueva York en la que Bogart enciende un cigarrillo nada más bajar del taxi en Más dura será la caída. Peter Parker dejando caer una rosa desde el puente de Brooklin en memoria de su novia muerta. Woody Allen y Diane Keaton enamorándose por enésima vez delante del mismo puente…


Los Ángeles en las novelas de Raymond Chandler.

Oxford en Todas las almas.

Nueva Orleáns en los discos del Professor Longhair.

El Missisipi en Exile on Main st (grabado a miles de kilómetros).

El Mississipi en Mark Twain.

El sur de Francia visto a través de tus ojos

Etiquetas: , , , ,

lunes, julio 10, 2006

Lecturas veraniegas: Cuentos de Saki

Si de verdad existe eso que llaman humor inglés, su mejor representante en la literatura del siglo XX fue sin duda Saki (seudónimo de Hector Hugh Munro). La lista de autores que han confesado su admiración por él y la influencia que supuso es interminable. Citaré a algunos por si yo no consigo convenceros: Roald Dahl, Graham Greene, Tom Sharpe, Billy Wilder… A mí me lo recomendó Borges- otro gran cuentista, qué os voy a contar-. Aunque son escritores muy diferentes, cada vez que releo a uno de los dos me convenzo más de la deuda del argentino con el inglés. Ese humor amargo, triste y estoico a la vez de Borges está ya en Saki. El personaje de Carlos Argentino Daneri en El Aleph, la mala leche con que está tratado, es también puro Saki. Basta decir que Borges incluyó el cuento La reticencia de Lady Anne en su Biblioteca personal, obra inconclusa en la que elegiría y comentaría sus cien obras favoritas de la literatura universal (se quedó por sesenta y pico y yo creo que el cabrón lo hizo a posta).

Bonitas pintas


Fue leyendo esa Biblioteca Personal donde oí por primera vez el nombre de Saki; la adecuada comparación con Oscar Wilde me puso alerta: tenía que leer algo de ese tipo. ¿No os da la impresión a veces de que no has oído hablar de alguien en tu vida y desde el primer momento en que escuchas su nombre ese alguien aparece por todas partes? Pues a los pocos días, ojeando uno de esos puestos de libros de segunda mano que antes había en el puerto de Mazarrón encontré Cuentos de humor y de horror, una antología –de acertadísimo título, por cierto- editada por Anagrama y que, creo, actualmente está descatalogada. Ya no me queda sino confesar abiertamente que el sesenta por ciento de los chistes y frases medio ingeniosas que he proferido en público durante los últimos cuatro años estaban sacadas de ese libro (el otro cuarenta por ciento estaban sacadas de Odio de Peter Bagge, claro). Hace pocos días descubrí en esa espantosa librería gigante que todos conocéis los Cuentos completos de Saki, editados por primera vez en España por Alfanhuí. Inmediatamente olvidé qué libro había ido a buscar allí y tuve que llevarme aquel. Y es por eso que hoy estoy aquí escribiendo este post.


Cuentista puro, de los que entienden que la brevedad es una característica inherente al género, y maestro de los diálogos, consigue que sus personajes sean irónicos sin quererlo: dejándoles hablar, ellos mismos hacen patentes las contradicciones constantes y el absurdo de la ideología del mundo en que viven. Esta intención irónica se funde con el carácter satírico de toda su obra y su constante intento por reflejar la mezquindad humana. Es por eso que la mayoría de sus personajes pertenecen a la alta sociedad de la época: pues allí, donde se supone que se encuentra el más elevado grado de educación y civismo, es donde más patente se hace el salvajismo del hombre. Pero no se trata de una sátira destructora ni moralista: en sus cuentos no condena este tipo de vida, sino que se divierte y, en muchas ocasiones, hasta se identifica con ella. A Saki no le interesa aleccionarnos sobre cómo vivir, sino simplemente mostrar el humor que subyace en nuestra vida. Esto se ve en su primer libro, Reginald, donde presenta un simpático personaje en la honda de la Lady Bracknell de Oscar Wilde: un snob entrañable que se pasa el día quejándose de todo y pontificando en nombre del Buen Gusto. El tipo de dandy inglés que piensa que llevar a un lunch unos guantes inapropiados debería ser castigado con pena de muerte o que la falta de sándwiches de pepino es una verdadera catástrofe de estado. Reginald disfruta sacando de quicio a todo el mundo con su manifiesta frivolidad y profiriendo sentencias que rayan continuamente el absurdo, y de este modo hace explícito el absurdo de la sociedad en que se mueve y su distorsionada visión de la realidad.

Esa edición tiene pinta de cara

En los siguientes libros Saki no abandonará esta sátira del mundo de la alta sociedad, añadiéndole una buena dosis de crueldad y humor negro. En sus cuentos se castiga la ambición desmesurada, pero también la inocencia pueblerina (debe de ser el escritor que más niños ha matado en su obra, pero los mata con gracia... supongo que Roald Dahl tomó nota ). Además, el absurdo gana cada vez más peso, como en uno de mis cuentos favoritos, El marco (El soporte en la edición de Alfanhuí), la historia de Henri Deplis, un luxemburgués que, en un viaje a Italia, se tatúa en la espalda una formidable representación de la Caída de Ícaro. Formidable hasta el punto de que, tras la muerte del artista tatuador, esta Caída de Ícaro es declarada por el Gobierno Italiano como tesoro artístico nacional, de manera que Henri Deplis, como hombre-marco de una obra de arte, se ve obligado a acatar diversas obligaciones: no tomar baños de vapor ni de sal, no salir del país, etc…

Sobre la muerte de Saki en la Primera Guerra Mundial circula una historia que parece sacada uno de sus cuentos, así que debe de ser triplemente irónico que un escritor que se pasó su vida escribiendo cuentos de cruel ironía tuviera una muerte tan cruelmente irónica. Saki, sargento de batalla en Beaumont- Hamel, pasaba la noche escondido junto a dos soldados en un cráter de obús al amparo de la oscuridad. En la larga espera, los dos soldados comenzaron a fumar. Saki les gritó: “¡Apagad ese maldito cigarrillo, nos van a ver!” Inmediatamente una bala le atravesó el cráneo. Imagino a los dos soldados encendiendo otro cigarrillo ante el cadáver con la cabeza abierta, mientras discuten si los alemanes les han descubierto por la brasa del cigarrillo o por los gritos de su general muerto.

  • Aquí un link con algunos cuentos de Saki en español
  • Etiquetas: ,

    lunes, septiembre 05, 2005

    La edición española de la revista Rolling Stone publica este mes una lista con los 500 mejores discos de la historia del rock, o algo así. La lista, al querer presentarse como oficial y objetiva y hasta canónica lo que hace es acabar resultando evidente (Sgte Peppers number 1!!) y, pese a sus 500 entradas, dudo mucho que pueda descubrir nada a cualquier aficionado que dedique a la música más tiempo diario que el de ver la gala de OT de los domingos y el de ponerse en el coche el último disco de Robbie Williams.

    la nueva biblia, men

    Pero no es cuestión de juzgar la lista en sí, que, por muchas pretensiones canónicas que tenga, no deja de ser algo subjetivo, ergo, mucho peor que la que yo hubiera hecho. Lo que de verdad preocupa es la proliferación de listas top-ranking-megaguays que hay últimamente en todo lo referente a la cultura: lista de las mejores pelis, los mejores libros, los mejores cuadros… Desde el año 2000 debo haber leído unas 100 listas de los mejores discos o mejores canciones de la historia (la Historia, quiero decir). Cada año dos o tres revistas especializadas nos obsequian con su lista de los mejores discos de los últimos diez años y Harold Bloom ataca con una nueva lista de Libros Que Hay Que Leer Para Ser un Tipo Culto, etc.

    El judío más gordo de la Historia

    En el fondo se trata del sueño del hombre moderno de hacerlo todo por el camino más corto, la panacea occidental de conseguir cosas sin esfuerzo: conocer los 20 ó los 30 discos imprescindibles del rock y ale, a otra cosa, mariposa. “Conociendo nuestra lista (que es la Objetiva, la Canónica, la Verdadera) ya estará autorizado para hablar de música en fiestas, discotecas, botellones... Sea un tipo enrollado. Hágase un experto en Rock en dos días y así emplee su moderno tiempo libre en hacer kite-surfing y capoeira.” La manía de querer llegar siempre al objetivo sin darse cuenta de que lo que vale es el camino (el objetivo es el camino). Más aún en algo como la música, donde el supuesto objetivo es algo tan abstracto y tan absurdo como “ser un entendido en música” y donde no valen en última instancia ni épocas, ni estilos, ni nombres de grupos, ni nada, solamente vale el placer que uno pueda experimentar al escucharla.

    Etiquetas: , ,