Calamaro
Vuelve (siempre está regresando) Calamaro. Esta vez con un disco supuestamente “normal”, se acabó el torbellino Honestidad Brutal/El Salmón/Deep Camboya, se acabaron también los “caprichos” tangueros. El Palacio de las Flores promete ser el disco que se esperaba de él justo después del aclamado Alta Suciedad, es decir un disco de rock limpio, bonito, con una producción trabajada y una escrupulosa selección de los temas. Mucha gente se alegrará de esto. Yo echaré de menos al insomne alucinado que se creía Dylan en Clonazepán y circo o Son las nueve. Echaré de menos esa concepción de la música como una necesidad vital, esa urgencia al grabar y publicar canciones como esbozos, simulando el diario de una existencia caótica y depresiva donde sólo cantar tenía sentido. Echaré de menos eso y sin embargo estoy convencido de que continuar esa senda hubiera sido un error, de que volviendo a grabar música de una forma más o menos estándar (volviendo a encasillarse en cierto modo, sí, pero huyendo también del pasado), Calamaro está eligiendo de nuevo el camino correcto. El camino del salmón, ya sabemos.